miércoles, 4 de noviembre de 2009

Pensamientos


Después de todo, esto es la vida y no debería dolerme tanto, ni renegar demasiado con cuestiones cotidianas, ni consumirme en especulaciones vanas. Quizás a lo mejor sólo se trata de vivir..., como dicta una vieja canción... "Sentir", eso mismo, sentir, abrir el pecho de par en par y respirar todo lo que la vida hoy me ofrece. No importa cuan efímero sea ese instante, mañana no habrá dolor ni arrepentimiento. Y eso es, yá, todo un desafío.

Cuántas penas me ahorraría si a cada paso me contentase con sentir. Simplemente eso, y no me detuviese a pensar, a medir, a calcular: "esto doy", "esto me debes", "esto te debo", "aquello me lo guardo por si acaso". Si al final de cuentas nunca cierra. Ni Pitágoras, ni la aburrida trigonometría, ni las horripilantes ecuaciones diferenciales que alguna vez me desvelaron. Nada. Ninguna de ellas podrá darme la solución que busco, la cifra que me acerque a mi centro, a mi verdad que es la única verdad que me interesa. Al fin de cuentas mi ecuación es compleja y es simple a la vez, como todo acertijo. Voy, vengo, me multiplico, me potencio, me adhiero a las cosas, me cierro a todo y a nada, levanto muros y murallas, sumo y resto con una facilidad, tan símil al ser mismo que me contempla. Y el resultado es el mismo siempre, eso nunca cambia. Soy yo, simplemente yo, laberinticamente yo. Enredada en nimiedades ajenas a mí. Yo llegando a mi cuarto como todas las noches, cansada de todos y de todo, dejando atrás el disfraz de turno, la sonrisa social ahora guardada en un cajón. Yo sola arrojando la máscara, en la soledad de la noche, como esas viejas actrices de comedia despojadas del personaje, cuando termina la función. Yo intentando ser yo, desplegando mis alas como un enorme vampiro. Shhhh , es la hora en que los demonios me atraviesan, la hora en donde afloran mis miedos que gritan, que lloran, que suplican, que imploran salir. Mis silencios se vuelven voces que atormentan. Cierro los ojos y el mundo muere, rezaba Sylvia Plath en un poema. Cierro los ojos y el mundo muere....

martes, 3 de noviembre de 2009

Ay Buenos Aires!!


Entro de noche a mi ciudad, yo bajo a mi ciudad donde me esperan o me eluden, donde tengo que huir de alguna abominable cita, de lo que ya no tiene nombre, una cita con dedos, con pedazos de carne en un armario, con una ducha que no encuentro, en mi ciudad hay duchas, hay un canal que corta por el medio mi ciudad y navíos enormes sin mástiles pasan en un silencio intolerable hacia un destino que niega mi ciudad donde nadie se embarca, donde se está para quedarse aunque los barcos pasen y desde el liso puente alguno esté mirando mi ciudad. Entro sin saber cómo en mi ciudad, a veces otras noches salgo a calles o casas y sé que no es mi ciudad, mi ciudad la conozco, por una expectativa agazapada, algo que no es el miedo todavía pero tiene su forma y su perro y cuando es mi ciudad sé que primero habrá mercado con portales y con tiendas de frutas, los rieles relucientes de un tranvía que se pierde hacia un rumbo donde fuí joven pero no en mi ciudad, un barrio como el Once de Buenos Aires, un olor a colegio, paredones tranquilos y un blanco cenotafio, la calle veinticuatro de noviembre quizás, donde no hay cenotafios pero está mi ciudad cuando es su noche. Entro por el mercado que condensa el relente de un presagio indiferente todavía, amenaza benévola, allí me miran las fruteras y me emplazan, plantan en mí el deseo, llegar adonde es necesario y podredumbre, lo podrido es la llave secreta de mi ciudad, una fecal industria de jazmines de cera, la calle que serpea, que me lleva al encuentro con eso que no sé, las caras de las pescaderas, sus ojos que no me miran y es el emplazamiento, y entonces el hotel, el de esta noche porque mañana o otro día será otro, mi ciudad es hoteles infinitos y siempre el mismo hotel(...) Y habrá que andar hasta el final del tren porque en alguna parte hay que encontrarse, sin que se sepa quién, la cita era con alguien que no se sabe y se han perdido las maletas y tú, de tiempo en tiempo, estás también en la estación pero tu tren es otro tren, tu perro es otro perro, no nos encontraremos amor mío, te perderé otra vez en el tranvía o en el tren, en calzoncillos correré por entre gentes apiñadas y durmiendo en los compartimientos donde una luz violeta ciega los polvorientos años, las cortinas que ocultan mi ciudad.


Julio Cortázar-62/ Modelo para armar

Fernando Pessoa


Sentir de todas las maneras
Vivir de todos los lados,
Ser la misma cosa de todos los modos posibles
al mismo tiempo,
Realizar en sí toda la humanidad de todos los momentos
En un sólo momento difuso, profuso, completo y longicuo.
Yo quiero ser siempre aquello con que simpatizo,
Yo me vuelvo siempre ó más temprano,
Aquello con que simpatizo, sea una piedra o una ansia,
Sea una flor o una idea abstracta,
Sea una multitud ó una forma de comprender a Dios.
Y yo simpatizo con todo, vivo de todo en todo.


Fernando Pessoa